4.1. LAS NORMAS SON IMPORTANTES EN LA VIDA FAMILIAR
La familia es el primer grupo social al que el individuo pertenece y donde aprende a convivir. Naturalmente, para que no haya distorsiones y la convivencia sea fluida, el grupo familiar requiere la existencia de normas.
Ante esta necesidad los padres tienen un papel que cumplir como figuras de autoridad: deben fijar normas pertinentes y razonables. Primero, cuando los hijos son todavía pequeños, de forma totalmente directiva. Después, de manera más compartida, buscando (cuando sea posibles) la negociación y el acuerdo.
Las normas son preventivas y sirven a las familias porque:
- Ayudan a poner límites a los impulsos y comportamientos Facilitan, por lo tanto, el autocontrol de nuestros hijos.
- Regulan nuestros deseos más inmediatos posponiéndolos (si no es el momento).
- Regulan las situaciones y conductas a las que pueden exponerse los hijos.
Entre el control absoluto y la libertad total se define un continuo en el que los padres se ven obligados a situarse de diferente manera en función de la edad de los hijos y de las circunstancias. Como suele ocurrir, en este caso tampoco los extremos son recomendables: no podemos caer en una absoluta falta de normas, ni podemos ejercer un control obsesivo. Entre uno y otro polo tiene que existir siempre un espacio para la libertad y es precisamente ahí donde se construye la capacidad para tomar decisiones y para actuar de forma responsable.
Interesa, por lo tanto, que este espacio de libertad sea lo más amplio posible de acuerdo con dos criterios:
- La edad: A medida que los hijos crecen, el margen de libertad debe ser mayor.
- La conducta: El espacio de libertad debe ampliarse a medida que los hijos se comportan de forma responsable y toman decisiones adecuadas. Por el contrario, puede restringirse cuando las decisiones son inadecuadas o el comportamiento es irresponsable.
Las normas se establecen para ser respetadas. En este sentido, asegurar su cumplimiento a través del ejercicio de la autoridad es un derecho de los padres, pero también es un deber.
Por lo tanto, es importante que los padres utilicen un “estilo educativo” que les permita, dentro de un clima afectivo, ejercer su función no sólo de apoyo, sino también de supervisión y control de los hijos, ya que se ha demostrado que lograr un equilibrio entre ambas funciones es donde está la auténtica capacidad educativa de la familia.

4.2. TIPOS DE NORMAS
Los padres deben tener en cuenta cuáles son las normas y qué importancia tienen para ellos. En muchas ocasiones, los problemas de disciplina tienen su origen en normas confusas. En este sentido, podemos diferenciar al menos tres grandes grupos de normas:
- Fundamentales: Son las normas de los derechos y valores fundamentales de la familia. Son de obligado cumplimiento e innegociables. Si no son respetadas, la convivencia y la educación de nuestra familia se ve dañada de forma importante. Tienen que ver con la integridad física y moral de las personas. Deben de ser pocas, extremadamente claras, poco matizables en función de las circunstancias y de obligado cumplimiento e innegociables (Ej.: no agredir físicamente a un hermano, hablar respetuosamente y sin insultar, ser sinceros, respetar los bienes materiales, ausencia de uso de drogas, etc.).
- Importantes: Son aquellas que tienen que ver con una correcta socialización y salud de los hijos. Se deben respetar en su mayoría, pero permiten cierta flexibilidad. Si no se cumplen afectan a la convivencia familiar. Deben ser en número limitado y muy claras, pero son matizables en función de las circunstancias. Si bien su cumplimiento global debe ser inevitable, algunos aspectos pueden negociarse. (Ej.: horarios de llegada a casa y de sueño, alimentación, etc.).
- Accesorias: Regulan aspectos más circunstanciales de la vida doméstica. Tienen que ver con el orden y la organización de la casa, las actividades de ocio generales, con el respeto a las preferencias de los otros, etc. Pueden ser numerosas y podemos permitir cierta flexibilidad en su cumplimiento. No son esenciales para la convivencia familiar, pero la mejoran si se cumplen. Son negociables.

4.3. CONDICIONES MÍNIMAS DE UNA BUENA NORMA
Para ejercer una autoridad firme y razonable, pueden tenerse en cuenta los siguientes principios básicos:
- Las normas deben ser realistas y ajustadas a las capacidades: Han de ser posible de cumplir, y estar ajustadas a la realidad, adaptadas a la edad, habilidades, personalidad, capacidades, a su grado de aprendizaje de la norma, habilidades de autocontrol, etc. de los hijos (Ej.: no podemos pedir a un niño hiperactivo que estudie durante cuatro horas seguidas).
- Las normas deben ser claras y concretas: Uno no puede cumplir indicaciones que no entiende, ni puede hacer cumplir normas cuya importancia no se han parado a valorar, por eso han de ser comprensibles y estar muy claras. Los hijos deben de saber qué se espera de ellos. También deben conocer el grado de importancia que sus padres dan a cada norma y qué clase de consecuencias pueden esperar en caso de no cumplirse. En muchas ocasiones los problemas de disciplina tienen su origen en normas confusas.
- Las normas deben ser consistentes y seguras: Su aplicación debe ser aproximadamente la misma independientemente de nuestro estado de ánimo, de la presencia de otras personas, de nuestras ocupaciones en ese momento, igual por la madre y el padre, etc. Tener perfectamente clara la importación que damos a cada norma ayuda mucho a ser consistente.
- Las normas deben ser coherentes: Los distintos miembros de la familia tienen diferentes funciones y, por lo tanto, también distintas normas. Las que afectan a los hijos más pequeños no pueden ser las mismas que las que afectan a sus hermanos mayores o a sus padres, pero si conviene ser coherente hasta donde sea posible (Ej.: si a un hijo pequeño se le pide que mantenga recogidos sus juguetes, a un hijo mayor no se le puede permitir que mantenga su habitación desordenada o que no colabore en absoluto en las tareas domésticas). Del mismo modo, las normas que afectan a una misma persona deben ser coherentes entre sí (Ej.: no podemos pedir a un hijo que dedique un cierto tiempo todos los días al estudio sin no tiene una hora para llegar a casa).
Las normas deben ser acordadas, negociadas y razonadas: A ser posible, cuando las normas son negociadas y acordadas entre todos se facilita su cumplimiento y la responsabilidad de las personas.
4.4. ¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES?
Asumir sin contradicciones el papel de padres
Los padres y los hijos pueden llevarse muy bien, tener una buena comunicación y comprensión mutua, esto es lo deseable, pero no se deben confundir los papeles y pensar que dejarles hacer los que quieran como le sucede al padre de Mónica, es el mejor modo de educarles.
Por lo tanto, es necesario actuar como padres; siendo personas de referencia para nuestros hijos, pero con autoridad en la relación y no en un plano de igualdad; siendo orientadores y tutores de la conducta de los hijos, es decir, sin dejar de ejercer esta responsabilidad educativa.
Establecer límites y normas de convivencia familiar
Cuando estamos hablando de normas, nos estamos refiriendo a una acción, tarea o comportamiento que queremos establecer en nuestra convivencia familiar.
Hacerlo bien supone que los padres se “paren a pensar” en estos tres pasos:
- Definir bien las normas para que los hijos las entiendan correctamente.
- Motivar para que las acepten.
- Tener claro qué se va a hacer cuando estas no se cumplan.
Actuar con coherencia a la hora de la aplicación de normas
Como ya hemos analizado con anterioridad, es necesario que las normas se apliquen con cierta coherencia.
4.5. ¿QUÉ HACER PARA QUE LAS NORMAS SE CUMPLAN?
Podemos recurrir a los refuerzos, es decir, a estímulos que siguen a las conductas y que el niño considera deseables. Estos refuerzos pueden ser tanto verbales (alabanzas, reconocimiento de cualidades, etc.) como no verbales (regalos, oportunidades de diversión, tiempo de televisión, etc.).
En otras ocasiones, las normas domésticas no pretenden que los hijos hagan algo, sino precisamente lo contrario, es decir, que no realicen una determinada conducta. En estos casos, conviene valorar cuidadosamente si la realización de esa conducta es o no satisfactoria en sí misma para el niño, únicamente es un medio para obtener nuestra atención. En este último caso, la mejor estrategia es ignorar la conducta ya que, si les prestamos atención, aunque sea para reñirles, estaremos reforzando la conducta que pretendemos evitar.

4.6. ¿Y CUANDO LAS NORMAS NO SE CUMPLEN?
Lo primero, es dejar que se explique. En función de la importancia de la norma, quizá la explicación pueda matizar nuestra respuesta.
Después, tenemos dos recursos: suprimir refuerzos o castigar. En el primer caso, se eliminará alguno de los premios que hubiera recibido mientras su conducta era adecuada. En el segundo caso, el niño recibirá consecuencias desagradables. Ambos procedimientos son útiles siempre y cuando:
- Sean proporcionales a la conducta incorrecta.
- Se produzcan inmediatamente después de la conducta que queremos evitar.
Nuestro hijo sepa exactamente por qué se producen y que debe hacer para recuperar los refuerzos o para que cese el castigo.
El presente contenido se enmarca en una actividad del Programa de Prevención de las Adicciones desde el Ámbito Familiar en colaboración con la Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias de la Junta de Andalucía.